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	<title>Ansiedad - Andrea Acevedo</title>
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	<description>Psicóloga en el barrio Salamanca, Madrid</description>
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		<title>La pérdida de la atención.  10 causas detrás de la falta de concentración</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 May 2024 23:09:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">Cuando en redes sociales o internet nos encontramos con información sobre el Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y sus posibles señales pensamos, “¡pero si esto mismo es lo que me pasa a mí! No será que yo tengo TDAH…”.</p>
<p style="text-align: justify;">La falta de concentración, olvidar cosas y la ausencia de motivación nos hacen pensar que podríamos estar experimentando está dificultad. El TDAH es una condición neuropsiquiátrica que se caracteriza por dificultades persistentes en la atención, la hiperactividad y la impulsividad.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre podemos ponernos en las manos de profesionales que puedan resolver estas dudas. Sin embargo, esta preocupación generalizada en la población nos invita a plantearnos si hay <strong>otras razones que puedan estar detrás de nuestra dificultad para concentrarnos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta misma pregunta fue abordada por el periodista Johann Hari, quien se dedicó a investigar y reunirse con personas expertas de todo el mundo que también se cuestionaban el porqué del declive de la atención y las posibles razones detrás de este. Los resultados de su investigación se resumen en <strong>10 factores que contribuyen a la pérdida generalizada de atención</strong> en la sociedad contemporánea.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde la sobrecarga de información hasta el diseño adictivo de las redes sociales, cada elemento desempeña un papel crucial en la desconcentración que enfrentamos hoy en día.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;"><strong>10 causas detrás de la pérdida de atención</strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<h4>1. La sobrecarga de información:</h4>
<p style="text-align: justify;">En un mundo donde la información fluye sin cesar, la capacidad de concentrarse en un solo elemento se ve comprometida. Nos enfrentamos a la constante tarea de mantenernos al día, responder correos electrónicos, y contestar a todos esos mensajes que nos llegan a nuestro teléfono. Cuanto más nos sumergimos en el mar de datos, menos tiempo tenemos para profundizar en temas específicos. Esta sobrecarga no solo <strong>agota nuestra atención</strong>, sino que también <strong>sacrifica la profundidad</strong> en todas las áreas de nuestras vidas como en el trabajo o en nuestras relaciones sociales.</p>
<h4>2. La multitarea:</h4>
<p style="text-align: justify;">Hacer varias cosas a la vez, no nos hace más veloces. La creencia de que la multitarea es útil para aumentar la productividad ha sido desmentida desde la investigación. <strong>Alternar tareas nos hace menos eficientes</strong>: nos volvemos más lentos/as, cometemos más errores y nuestra creatividad disminuye. En entornos de oficina, rara vez tenemos tiempo ininterrumpido para trabajar. Por ejemplo, en estudios se ha comprobado cómo el alumnado que recibe mensajes tienen un rendimiento un 20 % peor. Esto sugiere que el constante uso de teléfonos inteligentes nos hace perder entre un 20 % y un 30 % de nuestra capacidad de atención.</p>
<h4>3. El sueño:</h4>
<p style="text-align: justify;">El sueño es crucial para la atención. Si no dormimos lo suficiente, <strong>nuestro cuerpo lo interpreta como una emergencia</strong>, activando el sistema nervioso simpático que sirve para protegernos ante posibles amenazas. Esto desencadena cambios fisiológicos para enfrentar la supuesta emergencia que pueden agotarnos a medio o largo plazo, ya que estos cambios implican un gasto de energía considerable influyendo en nuestra capacidad de concentración.</p>
<h4 style="text-align: justify;">4. La lectura:</h4>
<p style="text-align: justify;">La lectura, una forma fundamental de concentración, se ve afectada por nuestra cultura de distracción constante y nuestros hábitos con la tecnología. <strong>Leer libros nos permite una concentración profunda y sostenida</strong>, mientras que la lectura en pantallas fomenta saltos rápidos de información, afectando a nuestra comprensión y memoria. Estudios muestran que la <strong>lectura en pantallas resulta en una comprensión y retención menores</strong> en comparación con la lectura en papel, generando una brecha en la comprensión entre ambos medios.</p>
<h4 style="text-align: justify;">5. La divagación mental:</h4>
<p style="text-align: justify;">La divagación mental es dejar que la mente se mueva libremente, explorando pensamientos sin límites. El constante bombardeo de estímulos, como las notificaciones de redes sociales, los correos electrónicos, los mensajes de WhatsApp y la publicidad en línea, dificultan la concentración y la reflexión. Esta atención al mundo exterior no nos permita dirigir nuestra atención a nuestro interior y  <strong>nos impide reflexionar profundamente, </strong>afectando la calidad de nuestro pensamiento y haciéndonos más <strong>vulnerables a nuevas distracciones</strong> y perder nuestra atención.</p>
<h4 style="text-align: justify;">6. Diseño adictivo de las redes sociales:</h4>
<p style="text-align: justify;">Las redes sociales han sido meticulosamente diseñadas para capturar y retener nuestra atención. Están diseñadas para que el tiempo que pasamos en ellas siga aumentando y aumentando. La invención del <strong>Scroll infinito</strong> que hace que podamos ver contenido deslizando hacia abajo una y otra vez sin necesidad de hacer clic en ningún momento, o los <strong>algoritmos que priorizan el contenido provocativo</strong> para atraparnos y distraernos más, cumplen su objetivo de engancharnos. El resultado es una disminución en nuestra capacidad de concentración y una mayor susceptibilidad a la manipulación emocional.</p>
<h4>7. Estrés y Ansiedad:</h4>
<p style="text-align: justify;">Cuando estamos bajo estrés, nuestro cuerpo y mente se enfocan en identificar y responder a la amenaza percibida. <strong>Situaciones estresantes</strong>, como problemas en el trabajo, dificultades económicas o vivir en un entorno disfuncional o abusivo, pueden activar esta respuesta de alerta. Esta constante <strong>hiperalerta dificulta nuestra capacidad de concentrarnos</strong> en otras áreas de la vida, reduciendo nuestra capacidad de atención.</p>
<h4>8. Dieta deficiente y contaminación:</h4>
<p style="text-align: justify;">La calidad de nuestra dieta y el entorno en el que vivimos también pueden afectar a nuestra capacidad de atención. Estudios han demostrado que ciertos <strong>aditivos alimentarios y la exposición a la contaminación</strong> pueden afectar negativamente nuestra capacidad de concentración, especialmente en la infancia.</p>
<h4>9. Aumento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH):</h4>
<p style="text-align: justify;">El diagnóstico de TDAH está aumentando, con algunos profesionales preocupados por un <strong>exceso de diagnósticos</strong>, generalmente, en niños muy activos, y una <strong>falta de diagnóstico</strong>, predominantemente, en niñas con problemas de atención. Diferentes profesionales se cuestionan si los cambios en el estilo de vida infantil contribuyen al aumento de los diagnósticos o de los síntomas de TDAH, y si el tratamiento se está abordando adecuadamente. Donde sí encontramos consenso es en que <strong>el entorno caótico</strong> puede ser un factor crucial en el desarrollo del TDAH, con los síntomas manifestándose como respuesta a las circunstancias.</p>
<h4>10. Confinamiento psicológico y físico en la infancia:</h4>
<p style="text-align: justify;">Las investigaciones han vinculado el juego al aire libre en la infancia con la atención, pero muchos niños y niñas ahora crecen sin esta oportunidad. Los efectos del juego al aire libre son varios: el <strong>ejercicio físico mejora la atención</strong>, pero el tiempo confinado frente a pantallas puede disminuirla. Además, estar <strong>confinado en interiores puede aumentar la inquietud y la ansiedad</strong>, dificultando la concentración. El juego libre, antes común, ahora está siendo reemplazado por actividades dirigidas por adultos, lo que podría <strong>reducir la motivación genuina</strong> de los niños y niñas para enfocarse en lo que les interesa, privándolos de la oportunidad de elegir y explorar sin sentirse obligados.</p>
<p style="text-align: justify;">De la misma manera, en la edad adulta, las largas horas de trabajo sin interrupciones pueden disminuir la capacidad de atención y la productividad. Estudios han demostrado que las <strong>cargas de trabajo excesivas pueden ser insostenibles</strong> y contraproducentes en términos de atención y rendimiento laboral.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;"><strong>Conclusiones</strong></h3>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">No podemos obviar que existen factores genéticos que pueden predisponer a ciertas personas a tener problemas de atención. Sin embargo, el entorno juega un papel crucial en su manifestación. Factores como el estrés, la dieta y la exposición a toxinas ambientales pueden <strong>influir en la expresión de los genes</strong> relacionados con los problemas de atención.</p>
<p style="text-align: justify;">En conclusión, aunque hay factores externos que afectan nuestra atención sobre los que no tenemos control, <strong>podemos trabajar en aspectos que la mejoran</strong>, como la meditación, estrategias de concentración y buenos hábitos. Fomentar el juego en la infancia, dedicar tiempo a la concentración profunda en la edad adulta, leer, permitir que la mente divague, hacer ejercicio, dormir bien y comer nutritivamente son esenciales. Debemos evitar distracciones como la multitarea, los estímulos abrumadores, la tecnología intrusiva, el estrés y la mala alimentación. Además, Johann Hari <strong>sugiere medidas sociales</strong> como un internet más seguro, cambios en el trabajo para reducir el cansancio crónico y una infancia centrada en el juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"></div>
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		<title>Cómo saber si tienes ansiedad y 6 trucos para empezar a afrontarla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Dec 2023 18:09:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3></h3>
<h3 style="text-align: justify;">Diferenciar miedo y ansiedad</h3>
<p style="text-align: justify;">Para entender mejor la ansiedad, necesitamos diferenciarla de la emoción de miedo. La ansiedad y el miedo son emociones relacionadas pero distintas en su naturaleza y enfoque.</p>
<p style="text-align: justify;">La <strong>respuesta de miedo</strong> es una reacción primitiva del organismo para protegerse ante una amenaza. Actúa como un mecanismo de defensa natural, permitiendo a los individuos reaccionar ante situaciones amenazantes para su supervivencia. En esos momentos, el miedo ayuda a la persona a prepararse para el escape y así evitar la amenaza. Si mi mente identifica una amenaza, en mi cuerpo se desencadena la respuesta de miedo: el corazón late más rápido para bombear una mayor cantidad de sangre hacia los músculos, preparándolos para afrontar una posible huida o lucha inminente. Nuestro cuerpo acelera la respiración para asegurar un óptimo suministro de oxígeno a los músculos, al mismo tiempo que aumenta la tensión muscular para prepararnos para el escape. En este estado, es común experimentar síntomas como sudoración o una sensación de alerta, entre otros. La emoción de miedo desempeña un <strong>papel vital en la supervivencia</strong> humana al alertar sobre amenazas y ayudar a tomar decisiones rápidas para protegerse.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Mientras el <strong>miedo es una emoción puntual</strong> asociada a un peligro real o percibido para protegernos de una amenaza inminente, la <strong>ansiedad </strong>es una respuesta emocional<strong> sostenida en el tiempo </strong>frente a una situación futura o incierta, generalmente <strong>sin una amenaza inminente</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3>La ansiedad es cuando el miedo se complica</h3>
<p style="text-align: justify;">La ansiedad a menudo se manifiesta cuando las emociones de miedo se ven exacerbadas por <strong>creencias irracionales o exageradas</strong> sobre una situación. Por ejemplo, alguien con miedo a volar puede sentir ansiedad extrema ante un viaje en avión debido a la creencia irracional de que el avión definitivamente se estrellará. Del mismo modo, alguien con miedo a hablar en público puede experimentar ansiedad debido a la creencia irracional de que cometerá un error grave y que hará el ridículo. Estas creencias irracionales intensifican la emoción de miedo, generando ansiedad persistente en situaciones donde, en realidad, <strong>el peligro real puede ser mínimo o incluso inexistente.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong></p>
<p><strong></strong></p>
<h3>Pero, ¿por qué siento ansiedad?</h3>
<p style="text-align: justify;">La ansiedad puede surgir por diversas razones que van desde un entorno desfavorable hasta experiencias pasadas no procesadas o una regulación emocional inadecuada.</p>
<p style="text-align: justify;">En ocasiones, un <strong>entorno estresante o amenazante</strong> puede colocarnos en un estado de alerta constante, generando una sensación de ansiedad. Este entorno puede ser laboral, social o personal, donde la presión constante o la sensación de inseguridad contribuyen al desarrollo de problemas de ansiedad. Si, por ejemplo, en nuestro ambiente de trabajo nos encontramos con un supervisor o supervisora que revisa minuciosamente nuestro trabajo y solo nos señala lo negativo de muy malas formas y gritando, no sería raro encontrarnos por las mañanas de camino a la oficina con una sensación de tensión desagradable por miedo a recibir sus duras críticas de nuevo.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro factor clave reside en nuestras <strong>experiencias pasadas</strong>. Eventos traumáticos o situaciones complejas que no hemos logrado digerir ni procesar completamente pueden dar lugar a respuestas emocionales desproporcionadas ante situaciones cotidianas. <strong>Estos recuerdos no resueltos pueden activarse</strong> en contextos actuales que, en realidad, no representan una amenaza real, desencadenando la ansiedad. Por ejemplo, la experiencia de haber sufrido un accidente de coche puede convertirse en un desencadenante significativo de ansiedad al conducir o al viajar en coche. Esta <strong>vivencia traumática</strong> queda arraigada en nuestra memoria emocional, generando una reacción emocional intensa cuando nos enfrentamos nuevamente a situaciones similares, activando sentimientos de temor y ansiedad al volante.</p>
<p style="text-align: justify;">Asimismo, la <strong>falta de una adecuada regulación emocional</strong> puede contribuir al desarrollo y mantenimiento de la ansiedad. En un intento por evitar sentir esta emoción incómoda, a menudo <strong>tratamos de suprimirla o ignorarla</strong>, sin abordar sus causas subyacentes. Esta evitación puede, paradójicamente, mantener e incluso intensificar la ansiedad, ya que no se abordan las raíces del problema emocional. Si me siento incómoda en situaciones sociales debido a los nervios, es posible que sienta la tentación de evitar este tipo de reuniones. A corto plazo, esto podría traer alivio, pero a largo plazo, no resolvería mi ansiedad y podría empeorar la situación aislándome y perdiendo relaciones valiosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>6 estrategias para afrontar la ansiedad</h3>
<p style="text-align: justify;">Estas estrategias pueden ser un buen punto de partida para empezar a afrontar la ansiedad. Sin embargo, es crucial tener en cuenta que cada persona es única, con experiencias y matices personales diferentes. Es <strong>fundamental buscar orientación profesional</strong> para revisar estos matices específicos y encontrar las estrategias que mejor se ajusten a tu situación personal.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p><strong>1. Hábitos contra la ansiedad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mantener una rutina de ejercicio regular, una dieta balanceada y un buen descanso contribuyen significativamente al bienestar de las personas. Son muchos los beneficios de hacer ejercicio: ayuda a librarnos de las preocupaciones, libera endorfinas mejorando el estado de ánimo y promueve una buena calidad del sueño.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p><strong><span style="font-family: inherit;">2. Entrena la aceptación emocional</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando enfrentamos un malestar a menudo tendemos a resistirnos. La aceptación emocional te permite manejar el malestar al observarlo, dejarlo estar y actuar de acuerdo a lo que es significativo para ti. Toma un momento para reconocer tu emoción. Haz algunas respiraciones conscientes y dirige tu atención hacia la zona donde sientes el malestar. Describe mentalmente esa sensación dándole una forma, un color... Luego, lleva la respiración hacia esa área, permítete sentir el malestar. Finalmente, evalúa la intensidad de esa sensación y si te resultó difícil sostenerla. Puedes practicar este ejercicio en cualquier momento. Si es nuevo para ti, comienza con un malestar más leve para ganar experiencia y confianza.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>3. Busca apoyo social</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Buscar ayuda y apoyo de amistades, familiares o profesionales de la salud mental puede ser fundamental. Compartir tus preocupaciones y buscar orientación de personas de confianza o de una terapeuta puede brindarte acompañamiento y herramientas valiosas para manejar la ansiedad.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>4. Amplia tu perspectiva</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Hemos visto que la ansiedad puede estar causada al anticipar un futuro amenazante. En estas ocasiones suelen aparecen miedos irracionales que disparan el malestar. Ampliar la perspectiva y considerar otras tres posibilidades distintas a la que nos genera miedo puede ayudar a racionalizar y sentir mayor seguridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, es posible que ante una próxima entrevista de trabajo te preocupe cometer errores y que no te contraten. En lugar de aferrarte a ese pensamiento, considera otras posibilidades: podrías tener una excelente entrevista, podría no ser el trabajo ideal para ti, o quizás en esta entrevista opten por no contratarte, pero es posible que aparezca una mejor opción para ti en otro lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p><strong>5. </strong><strong>Calma con la respiración</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay múltiples técnicas de relajación que pueden devolverte la calma y muchas se enfocan en el ritmo de la respiración. Te sugiero buscar un momento tranquilo, siéntate cómodamente y comienza inhalando profundamente por la nariz hasta contar hasta 4. Contén ese aire por otros 4 segundos y luego exhala suavemente por la boca, contando hasta 6. Repite este ciclo varias veces concentrándote en la tranquilidad que te brinda cada inhalación y exhalación. Te ayudará a calmar tu mente y relajar el cuerpo.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>6. Háblate con compasión</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La ansiedad a menudo viene acompañada de críticas por sentirse así, con un diálogo interno severo y autoexigente. ¿Trataríamos así a alguien a quien queremos cuando está sufriendo? La autocompasión no busca eliminar la ansiedad, pero transforma nuestra forma de enfrentarla. Hablarnos con comprensión y afecto reduce el malestar y nos ayuda a identificar más fácilmente lo que necesitamos para afrontar la situación en ese momento.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Recuerda que cada experiencia de ansiedad es única y merece ser tratada con comprensión y cuidado. <strong>Buscar orientación de los y las profesionales de la salud</strong> puede ser el primer paso hacia un camino de comprensión, manejo y bienestar personal.</p>
<p style="text-align: justify;">
<ol start="5" style="text-align: justify;"></ol>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"></div>
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							<label for="et_pb_contact_field_5_4_0"><i></i>Acepto la política de privacidad.</label>
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<p><span style="color: #ffffff;"><span style="font-weight: 400;">Terapia infantil y adolescente</span><span style="font-weight: 400;"></span></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">Desarrollo personal</span></p>
<p><span style="color: #ffffff;">Terapia EMDR</span></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h4><span style="color: #ffffff; font-family: 'Libre Baskerville';">Contacto</span></h4></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p><span style="color: #ffffff;"><strong>Teléfono</strong></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span style="font-weight: 400;">659 16 69 70</span><span style="font-weight: 400;"></span></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><strong>Correo electrónico</strong></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span style="font-weight: 400;"><a href="mailto:a.acevedo.psicologia@gmail.com" style="color: #ffffff;">a.acevedo.psicologia@gmail.com</a></span></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><strong>Dirección</strong></span></p>
<p><span style="color: #ffffff;"><span style="font-weight: 400;">Barrio Salamanca, Madrid.</span></span></p></div>
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			</div></p><p>The post <a href="https://andreaacevedopsicologia.com/como-saber-si-tienes-ansiedad-y-6-trucos-para-empezar-a-afrontarla/">Cómo saber si tienes ansiedad y 6 trucos para empezar a afrontarla</a> first appeared on <a href="https://andreaacevedopsicologia.com">Andrea Acevedo</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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